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Historia de los coches eléctricos (II) El declive

Seguimos recorriendo la historia de los coches eléctricos: después de haber hablado de sus orígenes, nos quedamos a principios del siglo XX, cuando la llegada del motor de arranque en 1912, la producción en masa mecanizada de Ford y el abaratamiento del precio del combustible (debido al descubrimiento por entonces de mayores yacimientos de petróleo), cambiaron el mercado radicalmente.

 

La desaparición de los coches eléctricos

 

Otro factor que contribuyó al liderazgo de los coches de gasolina sobre los eléctricos fue que éstos podían recorrer mayores distancias sin repostar, algo necesario cuando ya en los años 20 la red de carreteras y las infraestructuras para el transporte habían mejorado considerablemente. Además, podían alcanzar velocidades mayores, dejando a los coches eléctricos sólo para uso urbano. Y los precios de éstos subieron mientras que los de los coches de gasolina bajaron gracias a la producción en masa: un coche eléctrico costaba casi el doble que uno de gasolina en esta época.

 

Entre los años 10 y los años 20 la producción de coches eléctricos fue desapareciendo paulatinamente, y al final este tipo de vehículos quedó sólo para determinados usos muy concretos. Por ejemplo, carretillas elevadoras, vehículos de reparto de leche en varios países europeos (en Reino Unido todavía se usaban hace no muchos años), o décadas más tarde, los populares carritos de golf. En los años 30 la industria de automóviles eléctricos prácticamente había desaparecido.

 

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Algunos historiadores como Mathieu Flonneau incluso atribuyen el declive del coche eléctrico a razones sociológicas: “para ciertos sectores de la población el coche eléctrico carecía de virilidad. No era lo suficientemente potente, era demasiado silencioso y por encima de todo, era muy apreciado por las mujeres. En una sociedad machista como la de la época, el motor térmico con sus ruidos y sus escapes humeantes se veía como algo más impresionante y exclusivo. De hecho, su complejidad mecánica hacía que las mujeres quedarán excluidas en las tareas de reparación y convertía al motor de combustión en un objeto decididamente masculino”.

 

Intentos de resucitar la industria

 

Durante décadas, el coche eléctrico para uso particular desapareció, aunque sí se usaban vehículos eléctricos en determinadas industrias y servicios. Por ejemplo, en 1925 en Francia se creó la Sociedad de Vehículos Eléctricos, para tratar de depender en menor medida de los suministros petrolíferos, y se fabricaron camiones de carga para su uso en empresas de la época.

 

En la Segunda Guerra Mundial la escasez de petróleo afectó a varios países, que volvieron a pensar en los coches eléctricos como una posibilidad de sustituir a los de gasolina. Fabricantes como Renault o Peugeot experimentaron con varios modelos, pero los problemas de suministro de materiales como el cobre y el plomo para construir las baterías impidieron que su desarrollo avanzara.

 

En 1959 en Estados Unidos se lanzó un nuevo modelo de coche eléctrico con prestaciones mejoradas: el Henney Kilowatt, del que se dice que fue el primer coche eléctrico producido en masa, construido con partes compradas de un popular modelo de gasolina, el Renaul Dauphine. En su modelo de gama más alta alcanzaba hasta 96 km/h y podía viajar durante casi una hora con una sola recarga de batería. Pese a estas mejoras, los consumidores consideraban que el Henney Kilowatt era demasiado caro para lo que ofrecía en comparación con los coches de gasolina, y en 1961, sólo dos años después de su nacimiento, dejó de producirse.

 

2-Kilowatt

 

Hubo iniciativas similares en otros países, como un prototipo eléctrico basado en el Fiat 1100, o el Ford Comuta y el Ford Berliner. En años sucesivos hubo varios intentos experimentales de desarrollar nuevos vehículos eléctricos, con avances tecnológicos como las primeras baterías basadas en litio, níquel y cadmio. Pero todos los coches eléctricos quedaban como prototipos y no llegaban a entrar en producción en masa, más allá de algunas decenas de unidades.

 

El coche eléctrico tuvo que esperar su momento hasta los años 70, gracias a un factor clave: la crisis energética, que provocó que la sociedad se percatara de la problemática que suponía la dependencia de las reservas de petróleo.

 

Fotos destacada1 y 2 en CC: Wikimedia Commons.

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